Masajes Milenarios Ayurvédicos

Masaje Ayurvédico - Terapeuta y Paciente Consejos

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El Terapeuta


Antes del masaje
Respirar profundamente de manera relajada.
Frotarse las manos para crear una energía caliente.
Sacudirlas para crear una energía fresca.
Apoyar las manos sobre el que recibe y dejarse penetrar en él; luego iniciar la
técnica con decisión.

Durante el masaje
El masaje se ha de realizar de manera fluida y suelta; las manos se mueven libremente, ligando un movimiento al siguiente como en una cadena, evitando
interrumpir el contacto físico con la persona.
Respirar siempre de manera rítmica y lentamente.
Evitar motivos de molestia, como el teléfono, la presencia de otras personas, música demasiado estimulante, corrientes de aire frío, etc.
Se puede utilizar una música de fondo, calmante, a bajo volumen.
La presión deberá aumentar gradualmente a cada manipulación, mantenerse constante durante un tiempo y finalmente disminuir lentamente.
El que da el masaje ha de estar aseado, fresco, comprobar que tiene las uñas cortas, quitarse el reloj, los anillos y cualquier objeto que pueda causar molestias.
La vestimenta deberá permitir movimientos sueltos y cómodos, y debería evitarse que la propia ropa toque al que recibe el masaje.
Hay que tener el cuerpo relajado, sentirse cómodo, equilibrar las emociones y calmar la mente por medio de una respiración consciente.
Habrá que dejar de lado las propias preocupaciones, para concentrarse sobre el bienestar de quien recibe. Asumimos el compromiso de crear una fuente de comunicación con la persona, dándole toda nuestra atención y amor, curándola por medio del tacto, dejándose penetrar por el otro, volviéndose puro amor.
Tenemos que ser conscientes de la mente del que recibe, de sus emociones, de sus dificultades. Conquistaremos su onfianza, escuchándolo y ocupándonos de él pacientemente.
El terapeuta ha de escuchar los movimientos que está realizando sobre la piel, los músculos, las articulaciones, los nervios, los órganos asi como también mantener un ritmo. Quien está presente en el masaje y en el receptor, goza de su propia percepción.
Durante el masaje, el que lo da ha de mantener la cabeza, cuello y la espalda erectos, de manera confortable, y ha de relajar las caderas, los hombros, los brazos y manos. Una posición cómoda durante el masaje es importante tanto para el que lo da como para el que recibe.
Si el que recibe tiene cosquillas, habrá que adaptar la técnica apropiada.
Si no consigue cerrar los ojos, habrá que ponerle una toalla sobre la cara. En necesario aprendamos a reconocer el nivel de tolerancia de quien recibe cuando se aplica presión.
Hay que mantener siempre contacto por medio de las manos o con el cuerpo y evitar en lo posible hablar o hacer preguntas.
El aceite no se ha de verter directamente sobre el cuerpo del receptor; no ha de estar frío, sino que hay que calentarlo frotando una mano contra la otra.
El aceite elegido será el adecuado según la constitución y condiciones del individuo.
Para estimular, se friccionará en sentido contrario al bello y la rotación en sentido anti horario. Se friccionará en el sentido de las manecillas del reloj para calmar, porque todo el universo gira de esa manera. Friccionar en el sentido contrario a las manecillas del reloj estimula porque es contrario al curso de la naturaleza.
La presión puede ser ligera y calmante, medía y activadora, o fuerte y desbloqueante.
Para terminar, apoyaremos con firmeza las manos sobre el cuerpo de quien recibe y meditaremos. Permanecer unos minutos en comunicación con el paciente por medio del contacto, palabras tranquilizadoras, o respirando
profundamente y al mismo ritmo.
Levantaremos suavemente las manos con un respiro tranquilo y haremos comentarios positivos sobre el paciente, haciéndole
sentir amado y protegido


El que recibe


No estará demasiado cansado y se ha de entregar al masaje.
El tratamiento no se hará durante el momento de la digestión de las comidas, ni tras la ingestión de alcohol o drogas.
El paciente en lo posible tendrá que haber vaciado el intestino y la vejiga y, preferiblemente, haber tomado una ducha, y ha de tener el estómago vacío.
Se quitará todas las joyas, y se quedará con la ropa mínima indispensable.
Deberá tener confianza en el terapeuta, aceptar su voluntad de dar, relajarse completamente, abandonarse a sus cuidados y no rechazarlos.
El que recibe deberá tener los ojos cerrados y respirar libremente.
No debe ocultar si siente dolor o placer, sino manifestar sus sensaciones para que el terapeuta sea consciente de ellas.
Evitará el pensar y, tan sólo, percibirá todo lo que sucede.
Evitará levantar la cabeza, los brazos o las piernas, y dejará que su cuerpo sea manipulado por el que
da el masaje.
Se abstendrá en todo lo posible de hablar e intentará ser consciente del masaje y del movimiento de las manos.
No dormirá sino que permanecerá despierto y dispuesto a recibir.

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